Las Fiestas Decembrinas: Luces y Sombras en el Corazón

Las Fiestas Decembrinas: Luces y Sombras en el Corazón

Introducción

Diciembre llega con su propia música. Las luces se encienden en las calles, los árboles decorados aparecen en las salas y los mensajes de “felices fiestas” inundan todo. Pero detrás de la calidez aparente, hay una verdad que pocas veces se menciona: las fiestas decembrinas pueden ser emocionalmente difíciles.
Para muchos, esta época no trae alegría, sino nostalgia, ansiedad o dolor. El fin de año despierta ausencias, conflictos familiares no resueltos y recuerdos que pesan más cuando todo el mundo parece celebrar.

Este será un espacio para reflexionar sobre lo que pueden significar estas fechas, con sus alegrías y también con sus desafíos. No para romantizar el dolor, sino para comprenderlo. Para mirar lo que diciembre trae a la mente y al corazón: las luces, pero también las sombras. Siéntete libre de hacer una pausa cuando lo necesites y reflexionar sobre lo que esto te hace sentir.

Pérdidas que Duelen más en Diciembre

El duelo en diciembre tiene un matiz distinto. Las sillas vacías se vuelven más visibles. Los rituales familiares —armar el árbol, preparar los platillos, cantar villancicos— dejan de ser costumbre y se transforman en recordatorios de lo que ya no está.

Pensemos en las palabras de la escritora y terapeuta Elisabeth Kübler-Ross, quien revolucionó nuestra comprensión del duelo con su modelo de las cinco etapas. Aunque estas etapas –negación, ira, negociación, depresión y aceptación– no son lineales ni universales, en diciembre muchas personas sienten que retroceden a las primeras etapas, incluso si pensaban que ya habían avanzado hacia la aceptación.

En consulta, muchos pacientes describen cómo estas fechas los regresan emocionalmente a momentos que creían superados. “Cada diciembre vuelvo a perderla”, decía una mujer refiriéndose a su madre fallecida hace más de diez años. “Todo lo que intento disfrutar parece tener una sombra detrás.” La mesa parecía incompleta; el eco de la risa ausente era ensordecedor.

El duelo no desaparece con el tiempo: se transforma. Y en estas fechas, esa transformación puede doler. ¿Qué podemos hacer cuando la pérdida pesa tanto? A veces, pequeños rituales pueden ayudar para honrar la memoria: encender una vela en memoria de quien ya no está, compartir historias sobre esa persona con quienes nos rodean, o incluso crear nuevas tradiciones que honren su legado. Aunque el dolor nunca desaparezca por completo, encontrar formas de integrar la ausencia en la celebración puede ser sanador.

La Familia: Refugio o Terreno de Conflictos

La familia es una pieza central en las fiestas decembrinas, pero la realidad es que no todas las familias son un refugio de amor y apoyo. Para algunas personas, las reuniones familiares son fuente de estrés, tensiones y conflictos no resueltos que resurgen año tras año.

La autora, Anne Lamott, quien habla sobre las relaciones familiares con una honestidad brutal en sus libros. En “Bird by Bird”, aunque el tema principal es la escritura, hay pasajes donde reflexiona sobre las complejidades de las relaciones humanas, especialmente con los familiares. Ella dice: “Te dirán que los lazos familiares son sagrados, pero la verdad es que a veces el amor viene con un precio, y ese precio puede ser demasiado alto.”

Es común que los pacientes en terapia compartan historias de cenas navideñas tensas, donde las conversaciones políticamente incorrectas o los reproches velados terminan apagando el espíritu festivo. Si has sentido esto, quiero decirte que está bien protegerte. No todas las reuniones familiares son obligatorias, y tampoco es necesario sacrificar tu paz emocional en nombre de una tradición.

Y sin embargo, también es cierto que para otras personas la familia representa el centro de su felicidad en estas fechas. Estar rodeado de hermanos, primos, padres y abuelos puede llenar el corazón de una calidez difícil de describir. Y aquí es donde se revela la paradoja de las fiestas: la misma experiencia –estar con la familia– puede ser la fuente de las mayores alegrías o de los mayores dolores, dependiendo de cada historia personal.

Solo recuerda, el mayor acto de amor propio es poner límites. No asistir, retirarse temprano o elegir celebrar de otra manera también son opciones válidas. Porque la Navidad no debería doler.

La Soledad en la Época de la “Unión”

La soledad adquiere un brillo particular en las fiestas. Cuando todos parecen tener con quién celebrar, las personas que pasan estas fechas solas pueden sentirse marginadas. Pero la soledad no siempre es sinónimo de vacío. A veces, estar solo en diciembre es una elección consciente: un acto de descanso, de introspección, de paz.

El psicólogo Viktor Frankl, sobreviviente del Holocausto y autor de El hombre en busca de sentido, sostenía que el ser humano puede encontrar propósito incluso en el sufrimiento. En ese sentido, la soledad puede convertirse en un espacio para resignificar la vida, cerrar ciclos y pensar en nuevos comienzos.

Muchos pacientes comparten que han aprendido a transformar la ausencia de compañía en una oportunidad de conexión consigo mismos. Algunos viajan, otros se refugian en libros, en arte o simplemente en el silencio. Lo esencial es comprender que no hay una forma correcta de vivir la Navidad. Cada persona tiene derecho a construir su propio significado de bienestar.

Un Espacio para Todos los Sentimientos

El problema no es diciembre. Es la expectativa de que debe ser feliz. Vivimos en una cultura que celebra la alegría, pero teme a la tristeza. Las redes sociales amplifican esa idea: sonrisas, regalos, fotos perfectas. Pero detrás de esa fachada, hay muchas historias que no se cuentan.

Reconocer el dolor no arruina las fiestas; las humaniza. Permitirse sentir, sin presionarse a estar “bien”, es un acto de salud mental. Así como la noche y el día coexisten, en diciembre también pueden convivir la risa y la lágrima, la nostalgia y la esperanza.

El psicólogo y escritor Rollo May decía: “La alegría no es la ausencia de sufrimiento, sino la conciencia profunda de que la vida tiene sentido, incluso con sus pérdidas.”

Y quizás eso es lo que diciembre nos recuerda: que seguimos aquí. Que el corazón, a pesar de todo, sigue latiendo con fuerza.

Cada persona vive las fiestas de manera única. Algunos encuentran en ellas la oportunidad de reconectar con lo que aman. Otros, en cambio, deben atravesar el dolor de lo que ya no está. Ambas experiencias son válidas. Ambas merecen respeto. Si estas fechas despiertan emociones difíciles, busca apoyo. Hablar, compartir, llorar o simplemente aceptar que no todo es alegría también forma parte de la salud emocional.

En Psicoterapia Integral, entendemos la complejidad emocional que pueden traer las fiestas decembrinas. Terapeutas con una visión humana y empática, que utilizan técnicas innovadoras y métodos terapéuticos efectivos para acompañarte en tus procesos de duelo, ansiedad, conflicto familiar o búsqueda de sentido personal.

Nuestro objetivo es ayudarte a encontrar equilibrio, comprensión y bienestar emocional, incluso en las etapas del año donde el corazón más lo necesita.


Porque sanar también puede ser una forma de celebrar la vida.

Mtra. en Psicoterapia Gestalt.  A. Delgado C.

Referencias

  1. Kübler-Ross, E. (2005). Sobre la muerte y los moribundos (50.ª ed.). Barcelona: Paidós.
  2. Lamott, A. (1994). Bird by Bird: Some Instructions on Writing and Life. New York: Anchor Books.
  3. Frankl, V. E. (2006). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder.
  4. May, R. (1994). El significado del miedo y la alegría. México: Paidós.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *