El Cuerpo como "Alarma Silenciosa": Lo que el Psiquismo No Nombra, el Cuerpo Lo Grita

El Cuerpo como “Alarma Silenciosa”: Lo que el Psiquismo No Nombra, el Cuerpo Lo Grita

El enigma de la somatización

El ser humano es una unidad que no puede dividirse entre cuerpo y mente. A pesar de esto, la medicina ha tendido históricamente a tratarlos como entidades separadas. Es en la zona de contacto entre ambos, a menudo teñida de misterio y frustración, donde emerge el fenómeno de la somatización: aquellos síntomas físicos persistentes (como el colon irritable, dolores crónicos, tensión múscular, o fatiga) que no encuentran una explicación orgánica concluyente.

Para el psicoanálisis, la somatización no es una simple simulación ni un “invento de la cabeza”, sino un proceso profundo y, sobre todo, un grito de auxilio. El cuerpo se convierte en una “alarma silenciosa” que se activa cuando la psique ha fracasado en su tarea primordial: simbolizar y elaborar el conflicto emocional.

La Falla de la Palabra y la Descarga en el Soma

El pensamiento psicoanalítico se interesa en el cuerpo desde sus inicios, partiendo del estudio de la histeria (Freud, 1895). En la histeria, el síntoma corporal (como una parálisis) tiene un valor simbólico; es la representación fallida de un conflicto reprimido que puede ser descifrado y devuelto al lenguaje.

Sin embargo, la somatización, tal como la conciben autores posteriores como Pierre Marty y la Escuela Psicosomática de París, opera de una manera distinta. Aquí, el síntoma físico surge no por un exceso de simbolismo, sino por la ausencia de.

Cuando un trauma, un estrés crónico o una emoción intensa (como la rabia, el dolor o la angustia) no logran ser ligados a una representación mental o a una palabra, se produce una “desconexión afectiva”. Este afecto, sin poder ser pensado, busca una vía de descarga directa, eludiendo la mente y precipitando un cambio en la homeostacis del organismo. Es, en esencia, una descarga directa en el soma (cuerpo) que se manifiesta como una lesión, una disfunción o un dolor real, pero sin una causa física.

Desde esta perspectiva, el sujeto somatizador padece a menudo una deficiencia en la capacidad de mentalización, es decir, la habilidad para pensar y fantasear sobre los afectos y los conflictos. Esta dificultad se manifiesta en el pensamiento operatorio, un modo de funcionamiento psíquico caracterizado por ser excesivamente concreto, desprovisto de ligazón con los movimientos fantasmáticos y con una notable pobreza afectiva (Marty, 1992). La persona vive en un plano de “pseudonormalidad” funcional, pero su vida interior está anestesiada o deshabitada, haciendo que el cuerpo asuma la carga del conflicto que la mente no puede procesar (McDougall, 1989). Así, el dolor físico se convierte en la única certeza de que algo está ocurriendo.

El cuerpo, que en el psicoanálisis no es solo un organismo biológico sino también un “cuerpo hablado” atravesado por la historia y el deseo, reacciona ante esta urgencia:

“En lugar de hablar con palabras, habla con el cuerpo. No llora, sino que tiene un ataque de asma. No expresa su cólera, sino que se transforma en hipertenso” (Trujillo, 2018, párr. 5).

Esta descarga somática es un intento desesperado, aunque fallido, de restaurar el equilibrio. La alarma suena, pero sin un lenguaje que la descifre, la persona solo siente el dolor o el malestar sin comprender su origen, cayendo a menudo en un círculo vicioso de ansiedad e incertidumbre médica.

La Necesidad de Escuchar la Alarma

Comprender el cuerpo como una “alarma silenciosa” subraya la vital importancia de la salud emocional como pilar fundamental de la salud física. Un dolor que no cede a los tratamientos médicos puede estar clamando por ser escuchado a nivel psíquico.

El trabajo terapéutico que realizamos en Psicoterapia Integral Toluca, con un enfoque psicoanalítico, no busca eliminar el síntoma, sino abrir un camino de simbolización. Se trata de darle al sujeto las herramientas para que aquello que no pudo ser dicho y se inscribió dolorosamente en el cuerpo, encuentre finalmente un lugar en la palabra, en el relato y en la historia personal. Solo al nombrar el conflicto, al historizar la experiencia, el cuerpo puede, lentamente, dejar de gritar. Es a través de la palabra que se logra la “apropiación y el cuidado de su cuerpo” (Storti et al., 2017), transformando la descarga ciega en un deseo consciente y elaborado. Reconocer el síntoma es el primer paso, pero no tienes que resolverlo por tu cuenta, busca siempre el acompañamiento de un profesional.

Referencias

  • Freud, S. (1895). Estudios sobre la histeria. Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1893-1895).
  • Marty, P. (1992). La psicosomática del adulto. Amorrortu Editores.
  • McDougall, J. (1989). Teatros del Yo. Paidós.
  • Storti, L., Britos, A., & Uhlemann, H. (2017). La experiencia psicoanalítica en psicosomática. Psicoanálisis Ayer y Hoy, 2(2), 52-60.
  • Trujillo, H. (2018). La somatización. Psicólogo y Psicoanalista en Madrid. https://helenatrujillo.es/la-somatizacion/

Psic. E.A. Mendieta M.

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