La procrastinación es un fenómeno que implica la evitación de tareas importantes y necesarias, a menudo debido a la ansiedad, miedo al fracaso, la falta de motivación y de habilidades para manejar el estrés y la falta de regulación emocional. Puede ser un patrón de comportamiento que se repite en diferentes situaciones y tener consecuencias negativas en la vida profesional y personal; un aspecto clave es que no está relacionada con la falta de tiempo, sino con la gestión emocional.
Cuando procrastinamos, solemos creer que es por falta de organización o de tiempo, sin embargo, es importante tener presente que detrás de esto nuestras emociones tienen un papel importante. Cuando nos sentimos abrumados, ansiosos, estresados o incluso al buscar el perfeccionismo, es más probable que procrastinemos.
De acuerdo con él Dr. Timothy Pychyl, “la procrastinación es un mecanismo de defensa para evitar sentimientos de ansiedad miedo o aburrimiento”.
Sin embargo, esta estrategia de evitación puede tener consecuencias negativas a largo plazo, como la pérdida de oportunidades, la disminución de la autoestima y el aumento del estrés.
Como se mencionó anteriormente, si vemos más allá de una mala organización, la procrastinación, está influida en gran medida por las emociones que experimentamos en relación con dichas tareas.
Se vincula entre dos partes del cerebro, la amígdala, que se relaciona con las emociones y la corteza prefrontal, la cual se encarga de facilitar la toma de decisiones y el control a largo plazo. Cuando una actitud nos provoca estrés, ansiedad o malestar, la amígdala puede tomar el control; al activarse, intenta evitar que hagamos esa tarea, porque sabe que, si la enfrentamos con ese nudo en el estómago y sin ganas, probablemente el resultado no sea el mejor.
Sin embargo, la amígdala no actúa sola, también entra en juego la corteza prefrontal, que evalúa el esfuerzo y la recompensa de cada acción. Si la tarea no es fácil ni agradable, esta parte del cerebro tiende a inclinar la balanza hacia actividades más placenteras, aunque sean menos urgentes.
Factores que influyen en la procrastinación
- Regulación emocional: muchas veces procrastinamos como una forma de evadir emociones desagradables asociadas a una tarea, como el aburrimiento, miedo al fracaso o incertidumbre.
- Perfeccionismo: Las personas que son perfeccionistas tienden a establecer estándares muy altos para sí mismos, lo que les genera presión. Como resultado, temen no poder alcanzar esos estándares, y puede llevarlos a postergar las tareas para evitar enfrentar una posible decepción.
- Autoestima y miedo al fracaso: las personas con baja autoestima o dudas sobre su capacidad para realizar una tarea suelen procrastinar más, ya que temen no estar a la altura y no hacer la tarea “perfectamente”.
- Preferencia por la gratificación inmediata: (la era digital): priorizamos actividades que generan placer o recompensa inmediata (por ejemplo: las redes sociales) en lugar de beneficios a largo plazo.
- Ansiedad y estrés: en lugar de enfrentarse a una tarea que genera ansiedad, muchas personas procrastinan como un mecanismo de escape, aunque esto agrave la sensación de estrés en el futuro.
¿Qué hacer ante la procrastinación?
- Reconoce y acepta tus emociones
- Practicar la autocompasión (hacemos lo que podemos con lo que tenemos)
- Enfocarse en el proceso no en el resultado
- Identificar y desafiar los pensamientos que no suman
- Practicar mindfulness (estar más presente en el momento y reducir la autocrítica)
- Establecer metas realistas y alcanzables
- Desarrollar la autoaceptación (aceptar tus limitaciones en lugar de juzgarlas o criticarlas, reconoce que la procrastinación es un patrón que se puede cambiar)
- Práctica la autorresponsabilidad
- Busca ambientes aptos para ti
- Dividir tareas
- Evita distractores a tu alrededor
Las emociones desempeñan un papel indispensable en la forma como enfrentamos los desafíos, gestionamos nuestro tiempo y mantenemos nuestra productividad. Desarrollar habilidades para gestionarlas fortalece la superación de obstáculos, reduce la tendencia a procrastinar y mejora el rendimiento.
Reconocer y aceptar nuestras emociones es el primer paso para superar la procrastinación, es un patrón común que puede ser cambiado al entender y abordar las emociones que subyacen y así desarrollar las habilidades y estrategias necesarias para superarla y alcanzar tus objetivos.
Si consideras que necesitas apoyo adicional para manejar tus emociones y mejorar tu productividad, en Psicoterapia Integral, contamos con especialistas que pueden acompañarte en tu proceso terapéutico, para alcanzar tus metas y mejorar tu bienestar emocional.
Psic. E. C. García M.

